En unos pocos años las redes sociales se han convertido en una realidad con múltiples usos para la ciudadanía. Las redes sociales son una herramienta de comunicación y de relación entre personas, empresas, políticos y organizaciones, mediante la cual la ciudadanía puede interactuar entre ellos, aumentando las sinergias y los beneficios tanto individuales como en conjunto. Son, en la actualidad, una de las actividades más realizadas en el mundo.
Estos medios digitales, modificaron nuestras conductas comunicativas, reconfiguraron modelos tradicionales de comportamiento. Sin embargo, existe un aspecto de las redes que trasciende nuestras relaciones personales y se refiere a su atribución sobre las estructuras clásicas de los sistemas de gobierno y los mecanismos tradicionales de la política.
El papel de las redes sociales en la política
La dinámica de funcionamiento que han adquirido las redes sociales está impactando directamente en el sistema político mediante una doble intervención. Por un lado, contribuyen al rápido acceso a la información y la libertad de expresión; por otro, a la coordinación social.
En un mundo lleno de cambios y crisis, las redes sociales se han convertido en una de las herramientas más importantes que tienen los ciudadanos para agruparse y manifestar sus opiniones y puntos de vista, fuera de los cauces políticos y sociales habituales. Estas redes dan a los ciudadanos, individuales y agrupados, unas posibilidades y un poder que nunca habían tenido y que desplaza el equilibrio anterior de la sociedad, establecido alrededor de los grupos políticos y empresariales.
Dentro de esta realidad sucede aquello que denomino el efecto paradojal de las redes sociales y que consiste, justamente, en el debilitamiento de la acción democrática.
Al inspeccionar el funcionamiento de las redes se revela una clara tendencia a la sustitución de la comunidad de los presentes en beneficio de la comunidad de los ausentes. Estamos presenciando el origen de la democracia de los abonados a internet y disueltos en las redes: democracia virtual para una sociedad virtual (Paul Virilio, El cibermundo, la política de lo peor).
De tal modo las redes poseen un riesgo para la democracia que se encuentra en el hecho de poner más cerca al que está lejos que al que se encuentra al lado; es un novedoso fenómeno de disolución política. Nuestras sociedades no hacen más que reafirmarse en el individualismo, ahora disimulado a través de la ciudadanía virtual.
Esto no niega la capacidad de organización a través de Facebook, Twitter o Whatsapp; sucede que estas nuevas tecnologías mantendrán un doble efecto negativo en tanto desmotiven los encuentros físicos y restrinjan nuestra capacidad de intercomunicación, pues la superficialidad y la lectura rápida son justamente características constitutivas de las redes sociales.
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La democracia requiere formación concreta en espacios reales, nos invita a ver y escuchar nuestras voces, nuestras emociones.
Cuando Giovanni Sartori nos alertó de la sociedad teledirigida, no estaba presente la revolución de los smartphones, redes sociales, tabletas y demás tecnologías. ¿Cuánto tiempo del día estamos hoy con los ojos en las pantallas de los celulares? Actualmente podríamos hablar del "super homo videns" sartoriano, pues desde aquel tiempo a la actualidad, ya no sólo trabajamos incrustados en la computadora y comemos sobre la televisión viendo una serie de Netflix, sino que directamente viajamos checando el celular y hasta vamos al baño con nuestros teléfonos.
En la actualidad es muy frecuente ver en restaurantes o bares, a personas sentadas en una misma mesa sin contacto directo entre ellos, sino que se comunican a través de sus smartphones. La posibilidad de una democracia deliberativa, superadora de la democracia liberal, que resuelva los déficits de las formas clásicas de la intermediación se aleja con el horizonte.
Casi sin notarlo se ha ido colocando un tipo de comunicación basado, ya no en palabras, sino en el intercambio de emoticones. Este singular mecanismo comunicativo contiene un efecto nocivo en nuestras habilidades cognitivas, pues limita la riqueza del proceso comunicacional, condiciona nuestra capacidad de reflexión y percepción de la realidad. Estamos restringiendo nuestro razonamiento y en consecuencia le quitamos amplitud al análisis, perdemos la riqueza de la visión global y el pensamiento lateral.
Por otro lado, existen aspectos positivos sobre cómo las redes sociales han sido de utilidad para fortalecer la democracia – por ejemplo, a través de las denuncias sobre violaciones de derechos humanos, la exigibilidad de las obligaciones gubernamentales y el monitoreo de la función pública –. Las redes sociales ofrecen una importante oportunidad para promover, articular y catalizar el interés de las personas en los temas públicos.
Sin embargo, también pueden representar importantes peligros para la democracia: desde la difusión de fake news, pasando por la presentación de datos sesgados y la manipulación de la agenda pública, hasta facilitar la articulación de grupos e iniciativas en detrimento de los derechos humanos.
Garantizar que las redes sociales fortalecen la democracia, implica desarrollar y fomentar el desarrollo de competencias digitales que incluyan la capacidad de buscar y filtrar la información, evaluar la veracidad del contenido digital, crear contenido de forma responsable, así como interactuar, colaborar y relacionarse con otras personas por medio de tecnologías digitales (Carretero, et al., 2017). Todas estas competencias son clave para que el uso de las redes sociales promueva una participación política responsable que consiga las transformaciones sociales y económicas que necesita una sociedad democrática.